Maracuyá, una fruta que despierta una pasión… divina

maracuyá fruta de la pasión

Seguro que has oído hablar de la fruta de la pasión alguna vez. Investigamos sobre el origen de esta fruta tropical conocida también como maracuyá.

El nombre de “fruta de la pasión” no surge de la fruta como tal, sino de su flor. Según el Diccionario de la Lengua Española, maracuyá es el nombre que recibe el fruto comestible de la pasionaria. Por su parte, la pasionaria es una planta que recibe su nombre por la semejanza que parece existir entre las diferentes partes de la flor y los atributos de la pasión de Jesucristo.

La bellísima flor de esta fruta tropical, rica en vitamina C y fuente de proteínas, minerales y carbohidratos, parecería contener los elementos que se usaron en la crucifixión de Jesús como la cruz, los clavos y el martillo. Además, el fruto tiene un color violáceo muy propio de la Semana Santa cristiana. La cáscara es lisa y rugosa cuando está madura y su pulpa es de color amarillo y de un sabor ligeramente ácido, muy aromático. Es por ello que el nombre popular de esta planta de flor se lo impusieron, al parecer, misioneros españoles que vieron en la forma de la flor un símbolo religioso.

Así pues, el maracuyá, lejos de tener una connotación afrodisíaca, tiene más bien una historia de espiritualidad y divinidad detrás que explica “la pasión” que despierta.

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Esta fruta tropical se produce y crece en América del Sur, en países como Brasil, Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador. Aunque hay diversas variedades, la más conocida es la amarilla, que sorprende con un sabor agridulce y un delicioso aroma. Esta fruta tiene un alto porcentaje de agua, es muy rica en vitaminas y minerales, brinda un gran aporte de fibra y tiene un bajo aporte de calorías. Su consumo controla además la presión arterial y los niveles de colesterol en el cuerpo y sus propiedades reducen los dolores musculares y dolores de cabeza. Relajan el cuerpo ayudando a combatir el estrés.

El maracuyá se consume crudo, sin necesidad de cocinarla o de retirar las semillas, es decir, puede comerse directamente una vez abierta. También se utiliza en ensaladas de frutas, mermeladas, batidos, zumos y postres. Además, el aceite que se extrae de sus semillas puede ser utilizado en la fabricación de jabones, tintas o barnices.